Extremadura

Yacimiento Arqueológico de Capote, Badajoz

El antiguo castrejón céltico de Capote es hoy una referencia indiscutible en la visita al Sur peninsular.

Enclavado en la loma de una montaña, este castro de rivero datado en el siglo IV antes de Cristo, fue fundado por pobladores del Norte peninsular. Estos hombres, atraídos por la riqueza cultural y económica del valle del Guadalquivir, se asentaron en nuestras tierras conformando un entramado de castros cuyo núcleo principal sería el de Nertóbriga.

Tras una corta vida en la que fue desarrollado al máximo el arte y los rituales propios de su cultura, en el 95 antes de Cristo, esta tradición céltica del Sureste de Extremadura, llegó a su fin, con la implantación definitiva del dominio romano y el comienzo de una nueva era de adaptación a las costumbres imperiales.

Sin embargo, no es hoy al esplendor de Capote al que me quiero referir, sino al enriquecimiento que éste ha proporcionado a los propios higuereños. Son varios los aspectos que se han visto beneficiados por el descubrimiento y la posterior musealización del conjunto arqueológico.

Todos los estudios confirman que estamos ante un conjunto arqueológico de una singularidad excepcional. Esta teoría es avalada por la inversión que la Unión Europea ha realizado para la dinamización del aspecto museístico y de conservación del poblado céltico. La posesión de un legado artístico tan notable nos ha concedido un nombre a nivel nacional. Esto se debe a que su estudio y catalogación han hecho más comprensible, por una parte, la expansión de esta civilización celta de la Beturia hispana, gracias a su excepcional estado de conservación y, por otra, algunos aspectos rituales desconocidos hasta el momento y materializados en un santuario prerromano de características únicas.

Del mismo modo, se trata de la primera fortaleza documentada en Extremadura, lo que nos permite desgranar con mayor rigor científico, los orígenes de nuestra comunidad.

Chozo y Cochiqueras

La riqueza histórica de Capote revalorizó no sólo las ruinas arqueológicas sino otras relacionadas con las actividades tradicionales del entorno, como puede ser la crianza del cerdo ibérico.

Este chozo de pastor, datado aproximadamente a finales del XIX o principios del XX, en un tipo de construcción implantada en toda la Península Ibérica y que servía de refugio a pastores que tenían que hacer noche en el campo junto al ganado.

Se trata de una construcción de planta circular, levantada con piedras de corte irregular usando como argamasa el barro. Solían tener un único acceso, delimitado con un pequeña puerta de madera, para proteger el interior del frío invernal. Su techumbre, podía estar sustentada por una viga central en la que se apoyaba una estructura de madera que servía de soporte a las retamas, o compuesta por una falsa cúpula construida con un sistema de aproximación de hileras y coronada por una clave, que distribuiría los empujes de ésta a los muros laterales.

El suelo estaba normalmente hecho de tierra apisonada o con estiércol de vaca seco, siempre a un nivel más bajo que el exterior, y en ocasiones pavimentado con losas de pizarra.

Las cochiqueras eran construcciones destinadas a albergar al ganado. Su estructura a base de dos brazos alargados crea un espacio central protegido a modo de corral. Mientras que sus habitáculos y zahúrdas adosadas proporcionaban refugio a los lechones.

Entorno

Su situación geográfica, en el límite de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, hace de este entorno, un lugar incomparable.

Al valor histórico y arqueológico innegable de este lugar, se une la importancia etnográfica y monumental de otros vestigios del poblado, cuya conservación y mantenimiento es objetivo fundamental tras las primeras campañas de excavaciones. Y a ello se suma el indudable atractivo natural del lugar, rico en aguas que se beneficia de una pluviosidad anual elevada en años normales. Una fauna rica, entre la que podemos citar especies como: el águila perdicera, el águila culebrera, el rabilargo, la perdiz, el buitre pardo, algún ejemplar de cigüeña negra, además de la nutria y el conejo de campo, alguna de ellas en peligro de extinción, que acompañan la exuberante flora ripícola, de bosques de fresnos jalonados de espinos navarros (tileros), adelfas y acebuches, todo ello unido a una intensa vegetación, a base de jaras pringosas, majuelos, encinas y madroños.

Todo junto; Historia, Arqueología, Etnografía y Naturaleza se aúnan en Capote para mostrarnos, en conjunto, la puerta de la Sierra Suroeste en primer término y la fachada de Extremadura, en el segundo, de la que es la puerta de entrada.

Molino de Rodezno

Emplazado en la misma unión del arroyo del Sillo con el Álamo. Su presencia hace el número 23 del “camino de las Nieves”, camino que bordea el arroyo del Álamo desde Higuera la Real.

Este molino de rodezno, fechado al menos en el siglo XV, está construido sobre los restos de otro más antiguo, fechado aproximadamente en el siglo XIII.

Su funcionamiento era muy sencillo. El agua, recogida en una pequeña presa en el río, era canalizada a través de una alcabucera, que discurría en paralelo al cauce. Una vez llegada al molino, la alcabucera desaguaba en un depósito vertical también llamado cubo, cuya altura proporcionaba fuerza al agua. A través de un conducto, el agua del cubo, caía a la cárcava, habitáculo abovedado donde se encontraba el rodezno. Esta pieza de madera de forma circular y un funcionamiento a base de poleas, transformaba la fuerza del agua en una energía motriz, capaz de mover las piedras de moler, también denominadas muelas, generalmente de granito y unidas entre si mediante un eje vertical.

El proceso se completaba introduciendo el grano por el orificio superior de las muelas, a través de una tolva, efectuándose así la molienda.

Murallas y Torre Defensiva

Desde su fundación a inicios del s. IV a.C. el castro de Capote estuvo siempre protegido por una muralla perimetral, situada al borde de la plataforma superior del cerro donde se encontraba la zona urbanizada. En algunos tramos llegó a ser doble para reforzar aún más la defensa del poblado.

El material utilizado para su construcción es la piedra de cuarcita, abundante en el entorno, y con forma y tamaño irregulares. Sus dimensiones alcanzaron probablemente los 3m de anchura y cerca de 5m de altura, culminados en la parte superior por un parapeto de troncos. El sistema constructivo empleado consta de dos gruesos muros paralelos elaborados con mampuesto. El interior se reforzaba con pequeños muros transversales que daban lugar a compartimentos de tamaño regular, rellenos de tierra y piedras proporcionándoles robustez y consistencia.

A la cara exterior se adosaron en varios puntos estratégicos pequeños bastiones que se adelantaban en la línea de defensa varios metros, mejorando su efectividad frente a los posibles ataques. Se trata de una serie de edificaciones de planta rectangular, de estructura hueca y dividida en varios pisos conocidas como torres defensivas.

Plaza de entrada y Taller

Al cruzar la Puerta Principal y avanzar por estrecho pasillo en forma de embudo, una vez atravesados los bastiones y el resto de estructuras defensivas, desembocamos en un espacio abierto dentro del poblado.

Esta pequeña plaza, era realidad, el punto de confluencia entre la calle principal, con forma de “Y” griega y que atravesaba el poblado de este a oeste, con la calle de ronda, que discurría en paralelo a la muralla y servía como aliviadero del tránsito urbano.

Las excavaciones arqueológicas han revelado que las edificaciones que contemplamos albergaron talleres metalúrgicos, que sufrieron sucesivas ampliaciones a lo largo del tiempo. Aún podemos observar, desplazados de su posición original, varios elementos que sirvieron para realizar esta actividad: la piedra superior o “tas” de un molino manual, una vez perdida su funcionalidad original fue reutilizada, esta vez como pequeño yunque o algún tipo de apoyo.

También fue encontrada igualmente otra piedra plana situada próxima a la anterior, que sirvió como medio de canalización del metal fundido, que encauzaba hasta un molde mediante un pequeño canalillo labrado en su cara superior.

La situación del taller metalúrgico a la entrada del poblado responde a cuestiones estratégicas, ya que debía abastecer de todo tipo de armamento a los arsenales, ubicados en las construcciones anejas a los bastiones. Esta flanco este, al carecer de medios de defensas naturales (zonas de acantilados o el propio río) debía incrementar la magnitud de sus defensas y permanecer en un estado de alerta constante.

Puerta Principal

El Castrejón de Capote sólo fue densamente poblado entre los siglos que precedieron y sucedieron a la conquista romana, primero contra Viriato y, después, contra el mismo Sertorio, cuyos milicianos se fortificaron entre sus murallas. De ahí la construcción de estos recintos amurallado y otras construcciones defensivas complementarias.

El conjunto de restos más espectaculares del poblado, es el que se conserva junto a la puerta principal del castro. Las puertas de entrada, durante este periodo de la historia, además de tener un componente defensivo, ostentaban un valor propagandístico como demostración del poder de sus habitantes.

De esta manera se construye un callejón de embudo de 5m de anchura máxima y 20m de longitud, resguardado o flanqueado por robustos bastiones de 9m de altura conservada. Se trata de recintos cuadrados huecos, dividios en dos pisos y abiertos al exterior a través de ventanas saeteras, que permitían una mejor defensa del poblado. Además se le adosaron en su parte posterior, dos potentes edificaciones que reforzaron el dominio de las defensas, constituyendo una verdadera “fortaleza. De ellos, a lo largo de sus extremos, salen líneas de murallas que, con torres emplazadas en los puntos más débiles del perímetro, recorren el poblado sobre los límites del barranco. En cuanto al antiguo foso, fue colmatado con tierra quedando fuera de uso, mientras que la función de las piedras hincadas era desempeñada ahora por un antemuro que discurría paralelo y exterior al frente de la muralla, evitando así el acercamiento de máquinas de asalto y permitiendo el movimiento exterior de los defensores a cubierto del enemigo.

Santuario

Acoplado al sistema urbano y ocupando el centro del poblado sobre el punto de bifurcación de la calle central, se localiza el Santuario, que fue intencionadamente “sepultado” en algún momento de mediados del s.II a.C. Poco después de haberse celebrado en él una de sus ceremonias rituales. Al menos así se puede afirmar a partir del estado de sus materiales arqueológicos, que documentan la realización de un gran banquete comunitario, quizá para trescientas personas a juzgar por los juegos de cuenco y copa depositados. Tales participantes ingirieron veintitrés o veinticuatro grandes animales (bóvidos, cérvidos, équidos, suidos y ovinos), que fueron sacrificados sobre la mesa-altar de piedra.

Entre el millar de vasijas, instrumentos de sacrificio (cuchillos, espetones, parilla…) acompañaban una treintena de vasos calados que, a modo de incensarios protohistóricos, debían portar el fuego familiar hasta conformar el comunitario para realizar el sacrificio. En suma, una ceremonia colectiva encaminada a incrementar la cohesión de estas comunidades campesinas que recuerda mucho a las fiesta del Samain celebrada por pueblos galos e irlandeses. Esta fiesta del Samaín (el Halloween pagano actual ) tenía una vinculación simbólica con el Más Allá, pues significaba la entrada en la estación oscura, el Invierno. En ella, además del sacrificio de animales, bebían cervezas y vino, y alrededor de hogueras durante dos días y tres noches, cantaban, bailaban, competían con acertijos y votaban las decisiones del año entrante.

Desde el punto de vista constructivo, el santuario está configurado a modo de estancia de cuatro lados. En el centro, una mesa de piedra haría las funciones de altar. A su alrededor, se emplaza un banco corrido también de piedra, apoyado en las tres paredes de la estancia. Su cuarto flanco estaba abierto a la calle central , dando así una imagen sobreelevada de este lugar de sacrificio.

Viviendas

Organizado en calles y callejones, se reconoce un sistema de construcciones adosadas que repiten un conjunto sencillo de dos estancias, que refleja el modelo de casas familiares propias de este poblado.

Las casas disponían de una superficie media entre 30 y 50m2, con dos estancias, una de acceso mayor y multifuncional, y otra, trasera, menor, y generalmente dedicada a ser el almacén de los alimentos y del utillaje especializado.

En la primera de estas habitaciones, la cocina se emplaza en el centro, junto a un banco corrido que culmina en la pared medianera. Suele haber un apoyo central o pie derecho, para la techumbre, que solía ser de retamas en los primeros años del poblado, y a base de pizarras en la última fase del mismo. En el centro, un molino giratorio de uso doméstico, compuesto por dos piezas cilíndricas fijadas una a la otra por un eje vertical central. La piedra inferior o “solera” permanece en el suelo, mientras que la superior o “volandera”, realiza un movimiento giratorio sobre la otra, impulsado manualmente mediante un asidero de hierro. El rozamiento producido por este movimiento giratorio, es el que posibilita la molienda del grano, que era introducido entre ambas piedras a través del orificio central de la piedra superior. Estudios analíticos han demostrado que se molían cereales como trigo, avena o centeno, así como castañas o bellotas, que constituían la base de la dieta.

En la estancia trasera, de menor tamaño, se acumulaban las grandes vasijas de almacén y herramientas del campo, sobre un suelo pavimentado.

Si quieres saber la Historia del Castrejón de Capote pincha en el siguiente link.

Como llegar

Se encuentra situada al sur del término municipal de Higuera la Real, en los límites con el Parque Natural de los Picos de Aroche y Sierra de Aracena.

Desde Badajoz, Mérida o Sevilla lo mejor es llegar a Fregenal de la Sierra y desde ahí coger la N-435 en dirección a Higuera la Real, tras atravesar esta localidad continuamos por la misma carretera en dirección Sur hacia Huelva. A unos 4 kilómetros de Higuera la Real se toma el desvío en el Km 102.2 a la izquierda (hay un hito kilométrico indicándolo). Recorridos unos 2 km por esa carretera local se llega al Yacimiento.

Desde Huelva se llega por la Carretera Nacional N-435, desviándonos a la derecha en el km 102.2 en el cual hay un hito kilométrico. Recorridos unos 2 km por esa carretera local se llega al Yacimiento.

Antigua Carretera N-435 – km 106,5 (límite provincial de Huelva).

Horario
Miércoles a Domingo Invierno: 10h -14h y 16h – 18h Verano: 10h -14h y 18h – 20h
La entrada es GRATUITA.

Texto y Fotos: José Carlos Gallardo González

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Comentarios

2 comentarios para “Yacimiento Arqueológico de Capote, Badajoz”

  1. [...] de Capote y quieres hacer el recorrido pincha en el siguiente link para ver mas información del Yacimiento Arqueológico. A la hora de visitarlo puedes encontrar esta misma informacion en el Centro de Interpretación, o [...]

    Por Historia del Castrejón de Capote, Badajoz | Dime dónde ir | 31 Mayo 2011, 20:35  Vota: Add rating 0  Subtract rating 0  
  2. [...] Sin embargo, no es hoy al esplendor de Capote al que me quiero referir, sino al enriquecimiento que éste ha proporcionado a los propios higuereños. Son varios los aspectos que se han visto beneficiados por el descubrimiento y la posterior musealización del conjunto arqueológico. Seguir leyendo [...]

    Por Que ver en Higuera la Real, Badajoz | Dime dónde ir | 29 Diciembre 2011, 15:25  Vota: Add rating 1  Subtract rating 0  

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