Extremadura

Samaín, el Halloween primitivo

En multitud de ocasiones hemos participado y formado parte de festividades como las del día de Halloween, y posiblemente en ningún momento nos hayamos preguntado acerca del origen de las mismas. Si nos ponemos a pensar detenidamente, rápidamente vincularemos este día con la tradición americana, sin embargo es posible que su germen se encuentre mucho más cercano a nosotros, y no sea un producto importado anglosajón del consumismo que invade la actualidad. Ya en el siglo IV a.C., en la Beturia Céltica, se venían practicando este tipo de rituales que en esencia son el origen de lo que posterioemente se ha consolidado como la festividad de Halloween. Esta celebración se conocía con el nombre de Samaín y suponía la entrada del invierno, una nueva etapa oscura llena de misticismo y el inicio del nuevo año celta.

Tomando como base los escritos de Luis Berrocal Rangel, director de la excavación del Yacimiento Arqueológico de Capote, comenzaremos el análisis de la festividad del Samaín con una breve introducción acerca de las características arquitectónicas del santuario de Capote, para posteriormente proseguir desgranando el proceso ritual que en él tenía lugar.

Desde el punto de vista arquitectónico, se trata de una estancia de piedra abierta a la calle central por uno de sus cuatro lados. De estructura cuadrada y sobre elevada considerablemente sobre el nivel del suelo, consta de un elemento focal, una mesa de piedra, que haría las funciones de altar. Alrededor de él se situaría un banco corrido adosado al muro en sus tres lados restantes y estaría destinado a una minoritaria élite social, que no superaría en ningún caso las veinte personas.

Es posible que estuviera cubierto con algún tipo de cerramiento, posiblemente cañizo o retama. Su función no sería otra que proteger de las condiciones climatológicas adversas, el fuego, las vasijas y el resto de objetos depositados en el santuario.

Orientado en dirección suroeste, muestra un dominio visual de las inmediaciones del castro, al mismo tiempo que permite divisar la puesta de Sol, el Ocaso, hecho que no queda exento de un exacerbado simbolismo si hablamos de creencias y rituales del mundo celta.

Justo delante del santuario existiría un espacio abierto mucho mayor. Se trata de una superficie destinada a albergar al resto de la población (unas doscientas personas). Ésta carecería de derecho para sentarse en torno al altar, sin embargo formaría parte de los rituales propios del poblado, ocupando el espacio circundante alrededor del santuario.

La destrucción del santuario acontecerá durante las primeras incursiones romanas en tierras lusitanas a comienzos del siglo II a.C. Será concretamente en el 152 a.C. cuando las tropas del pretor Marco Atilio arrasen la zona durante la toma de Nertóbriga, hecho que repercutirá notablemente en el devenir del poblado puesto que éste queda reducido a cenizas. Y aunque será posteriormente reconstruido, el santuario será tapiado intencionadamente, enterrando en él todos los objetos rituales que allí se encontraban. Nos encontramos, por tanto, ante un claro ejemplo de desacralización intencionada, en el que el altar pierde su función primitiva en un intento de superponer un nuevo poder militar a las costumbres celtas allí arraigadas.

Una vez explicada de forma breve la singularidad del santuario de Capote, sería preciso señalar los rituales que en él tenían lugar. Es entonces cuando entran en juego festividades como las del Samaín.

Si atendemos a la mitología celta, el Samaín o Samonios en el Calendario de Coligny, era la festividad celebrada el 1 de Noviembre que marcaba en inicio del nuevo año celta. El punto medio entre el otoño y el invierno, el inicio de la estación oscura y el día en el que los espíritus de los muertos venían a visitar a sus familiares, puesto que el alma no moría. Posteriormente con la llegada del Cristianismo se adaptará esta fecha al Día de Todos los Santos y al Día de los Difuntos.

Siguiendo las interpretaciones del Jean Markale, en las comunidades celtas, como puede ser el caso de Capote, el Samaín era una festividad de obligada asistencia. Durante el Samaín se discutirían los asuntos políticos, económicos y religiosos relacionados con el poblado. Además se realizarían festines que tendrían como elementos centrales el consumo de carne y algún tipo de bebida autóctona, principalmente vino y cerveza. Parece ser que este tipo de actividades estarían limitadas a una clase dirigente dentro de cada poblado, aunque la verdad es que el ritual no está del todo bien conocido. De todos modos sería una fiesta que duraría de dos a tres días en las que el nuevo año renacería en el momento en que los druidas encendieran el nuevo fuego.

Volviendo al caso de Capote, podemos señalar que no caben dudas acerca de que la estancia del altar era un lugar destinado a actividades políticas, sociales y por supuesto religiosas. El hallazgo de una gran cantidad de objetos rituales así lo confirman, a pesar de que la imagen del dios no se encuentre implícita en la definición dada para señalar las características del santuario.

De todos modos, gracias al conjunto de restos hallados en la zona del altar durante las excavaciones, podemos reproducir con bastante exactitud el ritual llevado a cabo por los habitantes de Capote en los momentos previos a su destrucción. A juzgar por el número de restos podemos afirmar que se sacrificaron 23 ó 24 animales, posiblemente agrupados en conjuntos (6 bóvidos, 3 équidos, 5 ovicaprinos, 2 ciervos, 5 cerdos y 2 jabalíes). El sacrificio se realizaría sobre el altar. En él se separarían las cabezas y las pezuñas de los animales, de menor aprovechamiento cárnico, de los troncos y cuartos traseros, que eran distribuidos de forma equitativa entre la población que aguardaba expectante entorno al santuario. Antes de su consumo se realizaría algún tipo de asado o chamuscamiento de las piezas cárnicas en una serie de hogueras distribuidas a lo largo del espacio situado delante del santuario.
Esta ingesta de carne debió de estar acompañada de algún tipo de bebida, como prueba el prolífero hallazgo de copas y recipientes en la zona del altar. Es posible que, ante la escasa tradición vinícola de la zona, los habitantes de Capote consumiesen algún tipo de cerveza de fabricación local durante la celebración de este tipo de festividades. Es importante señalar que a pesar de no haberse documentado, es muy probable que este festín estuviera acompañado de algún tipo de alimento vegetal como pudieran ser bellotas, tortas de trigo o cebada.

Para finalizar, el último ritual de Capote pudo no corresponder con la celebración del nuevo año celta con la festividad del Samaín, sino que fuera un festín excepcional ante el inminente ataque exterior al castro. De esta manera se fortalecería la moral de los combatientes ante el ataque romano y explicaría los indicios que apuntan el abandono súbito del santuario.

Texto y Fotos: José Carlos Gallardo González

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Comentarios

Un comentario para “Samaín, el Halloween primitivo”

  1. Brina

    Muchas gracias por compartir con todos nosotros tu articulo.
    Saludos

    Por Brina | 2 Junio 2011, 0:47  Vota: Add rating 0  Subtract rating 0  

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