Han sido muchas las interpretaciones vertidas hacia este singular monumento ubicado en la Plaza de la Iglesia del Loreto de Higuera la Real. No todas poseen unos fundamentos sólidos pero sí que de un modo u otro han ido configurando las visión que los higuereños tenemos de un símbolo de nuestra localidad, y por qué no decirlo de nuestra historia local. Se trata de una figura llena de misticismo y esoterismo, a la que se le han ido asociando decenas de leyendas sedimentadas unas tras otras que han ido creando una imagen imperecedera de este emblema de Higuera la Real.
Si hacemos una descripción formal de la pieza podríamos remitirnos a los estudios realizados por Teresa Chapa Brunet y decir que se trata de un grupo escultórico exento formado por dos figuras: un grifo y un una figura humana. El material utilizado es el mármol, hoy día muy erosionado, lo que puede inducir al error y al equívoco a la hora de apreciar la materia prima de la obra. Sus dimensiones son 137cm de altura por 72cm de longitud. La figura animal consta de cuerpo y cabeza de felino, dos alas laterales, cola y una cresta dorsal, y posiblemente es de género femenino, ya que se pueden apreciar dos filas de mamas en la parte inferior de su vientre. El grifo aparece apoyado sobre sus cuartos traseros, en una postura sentada. En su cabeza se puede observar una boca ancha, entreabierta, aunque no sus dientes, que se han perdiendo debido al avanzado estado de erosión. Del mismo modo sus ojos resultan inapreciables. En la parte dorsal podemos advertir evidencias de una cresta que recorrería la espalda del animal desde la cabeza hasta el arranque de la cola, y en los laterales encontramos lo que parecen ser dos alas de plumas pegadas al cuerpo y las muestras de tres costillas.
Por su parte la figura humana aparece sentada en posición opuesta al grifo con la rodilla derecha ligeramente flexionada y la izquierda extendida. No resulta fácil identificar si se trata de una imagen masculina o femenina, aunque si se pueden apreciar los restos de la morfología facial y una cabellera larga recogida a modo de cola. Su brazo izquierdo rodea la garra del animal, mientras que el derecho está alzado hacia una de las axilas del grifo, hecho que ha desencadenado alguna interpretación relacionada con que la figura podría estar intentando matar a la fiera, aunque parece más coherente pensar que el grifo está manteniendo una actitud protectora.
En lo referente a la nomenclatura del grifo podríamos decir que como mínimo resulta curiosa: “la Mamarracha”. En la actualidad este término está relacionado con personas o cosas en cuya definición podríamos encontrar adjetivos como informal, ridículo, extravagante, imperfecto… es decir, personas o cosas no merecedores cuanto menos de respeto. Aunque en origen, el término tendría otra connotación bien distinta. El vocablo “mamarracha” parece provenir del término árabe “moharrache” en relación con el gesto o ademán en tono burlesco de mamar. Ante estas evidencias no parece muy descabellado pensar que la figura humana podría estar siendo amamantada por el grifo.
El origen de la pieza resulta verdaderamente complejo, ya que no poseemos pruebas concretas que nos permitan asociar el grifo con una fecha exacta. Si atendemos a la fisionomía del animal y más concretamente a la plástica escultórica que presenta, podríamos encuadrarlo en torno al siglo I y II d.C., ya que posee unas características formales que la sitúan en el tipo de escultura que se viene realizando en la Península por estas fechas. Sin embargo existen interpretaciones variadas acerca de su origen. El pintor frexnense Eugenio Hermoso afirmaba que el origen de esta escultura no podría sino estar en el cercano yacimiento arqueológico de Nertóbriga. Teoría que difiere de la de Quintero Carrasco, que lo vincula a la antigua ciudad de Valera la Vieja, en las proximidades de Fregenal de la Sierra. Menos credibilidad tienen las hipótesis como las de José Ramón Mélida que llegó a identificar al grifo con una gárgola gótica.
A lo largo de la historia el grifo ha tenido connotaciones muy diversas, encontrando sus raíces en las etapas más antiguas de nuestra era. En origen se trataba de una criatura legendaria con cuerpo y patas de león, cabeza y alas de águila y en ocasiones cola de serpiente. Su procedencia parece asiática ya que encontramos los primeros ejemplos en el arte y la literatura babilónica, asiria y persa, donde encontramos al grifo asociado a las distintas divinidades y otros seres mitológicos del mundo mesopotámico, y siempre en actitud guardiana. Dentro de la mitología griega, las primeras representaciones las encontramos en la civilización minoica (Sarcófago de Hagia Triada), aunque alcanza su máxima difusión durante el periodo arcaico, donde los griegos los relacionaron con la protección de tesoros, generalmente de oro.
En el mundo romano el grifo parece ser utilizado como un símbolo de fuerza y vigilancia y es asociado a leyendas relacionadas con Apolo, Dionisio y Némesis. La leyenda cuenta que estos animales estaban consagrados al dios del sol, tirando de su carro y custodiando sus tesoros. También se han vinculado con el dios Dionisio, como encargados de proteger sus cráteras del vino, y con la diosa Némesis, diosa de la venganza, adoptando su forma.
Con la llegada del Cristianismo, el grifo se convirtió en uno de los pilares de los bestiarios medievales. Trasmitía una imagen de venganza y persecución, aunque más tarde, con la concepción dantesca del Averno, se relacionó con la naturaleza dual (divina y humana) de Jesucristo, precisamente por su dominio del cielo (en condición de águila) y de la tierra (como león). En cualquier caso, siempre mantendrá una actitud de protección, sobre todo en templos y palacios de la arquitectura gótica (a modo de gárgolas) durante la Baja Edad Media.
El grifo también es un emblema heráldico, siendo frecuente encontrarlo en los escudos familiares y estandartes. De forma general representaba la fuerza, el valor y el ingenio que caracterizaron a los linajes que los mostraban.
En cuanto al grifo de Higuera parece estar más relacionado con el mundo funerario. Sería coherente pensar que junto a este simbolismo ultra terrenal, pudiera conservar parte de su antigua significación protectora en cuanto a que su cometido fuera el de salvaguardar al difunto. De este modo es más que probable que esta pieza pudiera coronar algún tipo de enterramiento o tumba.
En todo caso, la escasez de testimonios escritos acerca de su procedencia y origen, son aspectos que proyectan importantes sombras en lo referente a la interpretación de este ser misterioso. Aunque si admitimos las diferencias de interpretación de los distintos teóricos y la provisionalidad de las hipótesis vertidas sobre el grifo, podemos llegar a un claro esquema de comprensión de esta pieza tan enigmática.
Texto y Fotos: José Carlos Gallardo González



Vamos aver si podemos de una vez por todas expñicar quien es la Mamarracha y cual es su alegoria.
La Mamarracha es una divinidad que fue conocida en el mundo prerrommano con el nombre de Bandue y sus nombres variantes Bandiae,Banda, Bana, Benz, Vanth, etc.Esta divinidad es en sus funciones más dedstacadas es la divinidad protectora de los pasajes, vados fluviales, cruce de caminos, etc. Para corroborar lo que estamos diciendo vamos a remitirnos a un documento recién aparecido titulado “Colección de Apuntes para servir a la Historia de Higuera la Real 1835-1888″ cuando al describir la ermita comenta “… que está hoy entre casas cuando no ha mucho tiempo se miraba solitaria en la entrada del pueblo donde comienza el camino para las villas de Encinasola y Aroche”.(1840).
Por lo general estos arquetipos con alas y cuerpos de felino, no precisamente en el caso que nos ocupa, como ahora veremos, solian representar el destino implacable de la muerte. En este caso la divinidad no se nos está mostrando en su aspecto etónico sino que se nos está manifestando en sus funciones paralelas de diosa protectora, como nos lo está indicandola figura que tiene entre sus patas. A su vez también se nos está manifestando como diosa de la fertilidad claramente perceptible por lo acentuado de sus mamas, conviene aquí recordar que este tipo de divinidades no tienen sexo por lo que cualquier detalle de esta naturaleza no denota género sino que expresa su función conceptual, aquí también se nos está presentando como diosa de las aguas como nos lo indica la figura que tiene entre sus patas que es, no una persona humana como se viene diciendo, sino una “Ninfa” o “Nayade” de las aguas. Conceptualmente esta representación es su “alter ego”, es decir su otro yo una hiposttasis de la misma divinidad según un esquema muy antiguo en todas las religiones de la humanidad incluida el cristianismo, tomese como ejemplo la Santísima Trinidad. Por lo tanto podemos decir sin temor a equivocarnos que la Mamarracha es ni más ni menos que la Magna Mater o Diosa Madre.
El documento anteriormente citado viene a contradecir todos los supuestos hallazgos ya que la cita en el mismo lugar que ocupa hoy y con el mismo pedestal desde tiempo inmemorial. Luego la fecha que lleva el pedestal debe de obedecer no a su colocación sino a cualquier otro evento.
Las Ninfas y Nayades son divinidades menores antropomorfas bellas y elegantes que se las asocia con frecuencia a las deidades superiores. Posiblemente aquí, en el caso que nos ocupa, nos encontremos ante la representación de una Ninfa Epigea del grupo de las Alseide por nombre Napeas diosa menor de los valles, montañas y cañadas.
Y tu como sabes tanto de un grifo?? Anda que no tiene historia.. jeje
[...] Si hacemos una descripción formal de la pieza podríamos remitirnos a los estudios realizados por Teresa Chapa Brunet y decir que se trata de un grupo escultórico exento formado por dos figuras: un grifo y un una figura humana. El material utilizado es el mármol, hoy día muy erosionado, lo que puede inducir al error y al equívoco a la hora de apreciar la materia prima de la obra. Sus dimensiones son 137cm de altura por 72cm de longitud. Seguir leyendo [...]